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El origen del agua y su recorrido hasta el hogar
En la mayoría de las ciudades, el agua potable pasa por procesos de captación, potabilización y control antes de llegar a las viviendas. No obstante, una vez que ingresa al sistema domiciliario, comienza un nuevo recorrido que puede alterar su calidad. Las cañerías internas, los tanques de almacenamiento y los hábitos de consumo juegan un papel fundamental en este proceso.
Incluso si el agua que llega desde la red es apta para el consumo, un mal mantenimiento de las instalaciones internas puede provocar contaminación, acumulación de sedimentos o proliferación de bacterias.
El rol clave del almacenamiento de agua
Uno de los factores más determinantes en la calidad del agua dentro del hogar es el sistema de almacenamiento. Tanques y cisternas permiten contar con reserva ante cortes de suministro, pero también pueden convertirse en un foco de problemas si no se los cuida adecuadamente.
Un tanque en mal estado, sin tapa hermética o con fisuras, puede permitir el ingreso de polvo, insectos, hojas o incluso pequeños animales. Además, la falta de limpieza periódica favorece la acumulación de sedimentos y la formación de biofilm, un ambiente propicio para bacterias y microorganismos.
Los especialistas recomiendan limpiar y desinfectar los tanques de agua al menos una vez al año, y verificar regularmente su estado estructural. Un correcto almacenamiento no solo preserva la calidad del agua, sino que también prolonga la vida útil del sistema.
Materiales y mantenimiento: factores que marcan la diferencia
El material del tanque de agua influye directamente en la conservación del recurso. Los tanques fabricados con materiales aptos para uso alimentario, resistentes a los rayos UV y a la corrosión, ayudan a mantener el agua en condiciones óptimas por más tiempo.
Del mismo modo, el mantenimiento de las cañerías internas es clave. Tuberías antiguas, con óxido o incrustaciones, pueden alterar el sabor, el color y la seguridad del agua. Revisar el estado de las instalaciones y realizar renovaciones cuando sea necesario es una inversión en salud.
Hábitos cotidianos que impactan en la calidad del agua
Más allá de la infraestructura, los hábitos diarios también influyen en la calidad del agua que consumimos. Dejar correr el agua unos segundos antes de beberla, especialmente si la canilla estuvo sin uso por varias horas, ayuda a eliminar residuos acumulados en las cañerías.
Asimismo, es importante mantener limpios los grifos, filtros y aireadores, ya que pueden acumular sedimentos y bacterias. En el caso de utilizar filtros domiciliarios, es fundamental respetar los tiempos de recambio recomendados por el fabricante para evitar el efecto contrario al deseado.
Señales de alerta a las que hay que prestar atención
Existen indicios claros que pueden alertar sobre problemas en la calidad del agua. Cambios en el color, el olor o el sabor, presencia de partículas visibles o una sensación aceitosa son señales que no deben ignorarse. Ante estas situaciones, se recomienda suspender el consumo y realizar una revisión del sistema de almacenamiento y distribución interna.
También es importante tener en cuenta que algunos contaminantes no se perciben a simple vista, lo que refuerza la necesidad de un mantenimiento preventivo regular.
